La columna awante: “La hazaña de collao”

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1200 kilómetros recorridos, 23 horas de viaje, para otros muchas más, todos con la misma ilusión.
Ya la semana del 11 de Noviembre fue tensa, los nervios y la ansiedad recorrían cada centímetro de nuestro cuerpo, pasaban las horas y se esperaba el momento culmine. La caravana verde iluminó la ruta 5 sur, nadie quedo indiferente a esta, a esa altura del día, sin ni siquiera jugarse un minuto del partido, se respiraba que el equipo del puerto iba en el papel ganando. Nos sorprendimos a nosotros mismos, y díganme si no cuesta acaso sorprender a un porteño. Movilizamos una ciudad, y región completa a 600 kilómetros, increíble. En la galería norte del Ester Roa, estallaba, pareciese que cada hincha que estuvo ahí hubiese firmado un pacto silencioso para dejar la vida en el tablón, si hasta los más abuelitos y los más niños cantaban al son de la 1892, contagiándose de aquella melodía que después de unos días sigue retumbando en nuestros oídos, que lo deja todo (8) y si, en esa caravana no sólo venían personas, venía cerro, miradores, escaleras, pan batido, salida de cancha, también parientes que por cosa del destino tuvieron que partir dejándonos un legado hermoso, ser Wanderino es la mejor herencia que ellos nos dieron. En la cancha, los jugadores sintieron el bullicio de nuestra gente, y el silencio desgarrador del marketing y publicidad. Era como si todo el equipo hubiese participado en aquel pacto silencioso mencionado antes, fuimos 13.011 caturros jugando nuestra final, y si es nuestra, porque nos apoderamos de ella, en la cancha y en las tribunas. Si ya en los goles de Enzo y Pineda, las lagrimas se hacían sentir, la emoción del dale dale dale ohhhh Wanderers campeón Wanderers campeón (8) también contribuía, el pitazo final fue el comienzo de la celebración, los abrazos, los llantos, las miradas al cielo diciendo gracias. Los jugadores se acercaban mostrando la copa, felices como niños cantando, agradeciendo y agradeciéndoles. Valparaíso celebró, las calles se colmaron, las sonrisas volvieron al puerto sufrido. El valor, honor, orgullo de nuestra gente, más

la valentía de nuestro plantel, permitieron poner al club donde se merece. Una tarde épica, maravillosa y única. Logramos la hazaña, logramos vencer a 600 kilómetros de distancia.

Wanderers campeón

por José Tomás Gubler Cruz

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